Por Luisa Alejandra López*

Para Leonor Pérez, un hijo que la quiere con delirio, y del cual, en muchas ocasiones no sabe que pensar.

Para Mariano Martí, un hijo que le da muchos disgustos, y muchos motivos de orgullo.

Para sus hermanas, un hermano cariñoso y bueno.

Para Rafael María de Mendive, un alumno de excepción, más todavía, un hijo espiritual.

Para Fermín Valdez Domínguez, un amigo verdadero, un hermano.

Para las hijas del catalán José María Sardá, un maestro competente y lleno de cariño.

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