La esquina de Lilith

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En septiembre, quizás un poco después, entrará a las redacciones una nueva generación de periodistas. No son nuestros hijos, pero los hemos visto nacer, gatear, querer caminar con pies propios, caerse, levantarse, caerse otra vez, e insistir como si nunca hubieran probado a qué sabe el piso en el equilibro milagroso de la postura erguida.

Entran, justo ahora, en medio de un escenario complejo. Es fácil desilusionarse, les advierto: tenemos, me atrevo a asegurar, el peor salario de todas las profesiones de las muchas que perviven en Cuba, y tantas trabas, sermones, insistencias, incoherencias y temores de otros arriba que, por momentos, será difícil respirar.

Lo primero que les espera es la comprobación práctica y dolorosa de que no saben nada. Me pasó, les pasó a los que vinieron después y seguramente les pasará a ustedes. No hay mejor escuela de periodismo que el ejercicio del periodismo, donde la técnica…

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